Mostrando entradas con la etiqueta performance art. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta performance art. Mostrar todas las entradas

miércoles, 11 de marzo de 2020

Teatros Automáticos: reinterpretando la imagen.




La agrupación caraqueña presentó el primer montaje de su ciclo, Residuos Visuales, en los cuáles música y cine de vanguardia se fusionan con otras artes. Tutmonda Radio estuvo allí el pasado 22 de febrero. 


fotos: Sainma Rada (Escombros Sonoros)



Teníamos muy buenas expectativas acerca de este evento.  Previamente, habíamos presenciado dos montajes del colectivo Teatros Automáticos, en los cuáles se sintetizaban elementos de distintas artes, siempre con el predominio de la música experimental.


Para esta ocasión, la agrupación trabajaría en alianza con la sala de proyección Cine Celarg 3, caracterizada por proyectar películas extranjeras - o de autor - poco convencionales. Todo esto resultaba atractivo para un medio como el nuestro, promotor no sólo de la música, sino también de la diversidad cultural.


Es importante recalcar que si bien, Teatros Automáticos se ha centrado desde el año pasado en el ciclo Escombros Sonoros, sus comienzos están ligados a intervenciones sonoras sobre clásicos del 7mo arte. En aquéllos espectáculos alternativos de sus comienzos fusionaron el performance y la improvisación musical con proyecciones cinematográficas. De alguna manera, esta nueva experiencia titulada Residuos Visuales retomaba los orígenes de esta agrupación artística.



Lo primero que notamos al comenzar la presentación es que no sólo veríamos películas (o fragmentos de las mismas) complementadas con la espontaneidad de un jamming sonoro. Se agregaron, como ya es costumbre, componentes extra como la poesía o el arte corporal.  



Adicionalmente, los espectadores tuvieron que integrarse, quisieran o no, a un montaje escénico en el cual se rompió la barrera entre artistas y audiencia, jugando no sólo con la imagen y el sonido, sino también con la oscuridad y el silencio.




Respecto al público, era inevitable pensar en las características del mismo: gente muy variopinta, de distintas tendencias y distintas edades. Particularmente llamó la atención un poco la asistencia de adultos mayores, asiduos, seguramente, a visualizar filmes de Kubrick o de Buñuel, pero ajenos a la música y a otras artes de vanguardia. Una audiencia que se salía un poco de su zona de confort,  junto a músicos, actores o bailarinas que también se salían de su zona de confort.


Al comienzo vimos imágenes manipuladas de la película Psycho (Psicósis) de Alfred Hitchcock, mientras escuchábamos un cristalino arpegio de guitarra, ejecutado en vivo. Fuimos recibidos por mujeres cubiertas de tela hasta el rostro, ubicadas estratégicamente en diversos puntos de la sala, la cual, a oscuras, las hacía ver espectrales.  Sus voces, que parecían provenir de ultratumba, recitaban poemas improvisados (inspirados en la argentina Alejandra Pizarnik). Mientras tanto, alguien danzaba frente a la pantalla.



No estábamos ahí sólo para contemplar una pared con cuadros en movimiento. Nuestro rol, como espectadores, no era exactamente el de un público pasivo.


De Hitchcock pasamos a cineastas más exóticos, distantes tanto en lo geográfico como en lo temporal. Se mostraron fragmentos de cintas de Japón, Francia, la antigua Checoslovaquia y hasta Mauritania, editados y procesados, en una especie de “remix” audiovisual, los cuáles, para efectos del montaje, fueron definidos como “reapropiaciones”.  


Todas esas piezas, pertenecientes originalmente a cineastas como Godard, y a otros menos conocidos como Sissako, fueron adornadas con los ruidos eléctricos y los sonidos sintéticos generados por  audio-artistas como Ezequiel Pizzani, Alvaro Partidas, Zigmunt Cedinsky o Job Tajha.


Al aporte de estos artistas sonoros debemos añadir también la contribución de Cybele Peña (Corales), quien, con ayuda de sus teclas, aportó algo más de música en el sentido tradicional de la palabra, pisando, simultáneamente, terrenos tanto del pop como de la vanguardia sónica.


No podemos obviar la relevancia de un amplio equipo escénico, entre los cuáles podemos destacar a la artista Anahís Monges (quién no sólo hace performance, sino que es además responsable de la dirección general en varias de las piezas) y el actor Rafael Jiménez, cuyas capacidades histriónicas fácilmente pueden ser aprovechables para facetas como la música o el canto.


Destacable también la capacidad multidisciplinar dentro de un equipo multidisciplinar. Parte de los integrantes de esta agrupación artística no se encasillan en un rol específico, empezando por Zigmunt Cedinksy, quién, siendo cineasta, se involucra también en áreas como el sonido o la dramaturgia.



Lo mismo podemos decir de Alvaro Partidas, cuya faceta de artista audiovisual desconocíamos, y pudimos apreciar en su performance Todos estamos locos, basado en el filme nipón Una página de locura, del realizador Teinosuke Kinugasa. Incluso Cybele Peña, a quién ya nombramos, y conocemos muy bien como artista musical,  participa también como artista de performace y re-creadora audiovisual.


Esta reseña, no obstante, puede quedar injustamente incompleta si obviamos el aporte de otros miembros de Teatros Automáticos.  Saima Rada, Sofia Meléndez e Inés Pérez-Wilke también aportan lo suyo dentro del arte corporal. En cuanto al aspecto audiovisual, están las colaboraciones de Daniela Alfonsina, así como personalidades foráneas que integran también este colectivo, tales como Teo McQuinn (Argentina), Edmundo Reis (Brasil) y Eva Sinclair (EE.UU).


Tomando en cuenta que esta primera experiencia en el CELARG fue exitosa en cuánto convocatoria, esperamos vuelva a repetirse. Nosotros, como siempre, estaremos haciendo lo posible por divulgar información sobre cualquiera de las próximas presentaciones.



miércoles, 11 de diciembre de 2019

Escombros Sonoros: improvisación y disonancia.



Escombros Sonoros es un ciclo dedicado al performance y la música de vanguardia. Tutmonda estuvo en la tercera sesión de esta serie de eventos, caracterizada, como siempre, por la espontaneidad de sus propuestas.




Insolación (Zigmunt Cedinsky, 2019)


Algo interesante está ocurriendo en Caracas.




Todo empezó hace unos meses - o quizás unos cuantos años - cuando un grupo de artistas, liderados por el cineasta, y creador multifacético, Zigmunt Cedinsky, comenzaron a mezclar, en un solo evento, diversas manifestaciones culturales.


Así, empezaron a escenificarse montajes en los cuáles se fusionaron el arte corporal, la vanguardia sonora, la poesía y los recursos audiovisuales, siempre con un elemento común: la improvisación.


Heysell Leal/Job Tajha (Improvisación libre, 2019)
Escombros Sonoros deriva de Teatros Automáticos, colectivo de artes escénicas nacido a principios de siglo, que tiene, en su currículum, experiencias como las Intervenciones sonoras en 35 mm, las cuáles, tal como indica su nombre, se basan en la ejecución de música experimental en vivo, y de forma espontánea, sobre clásicos del 7mo arte.


El ciclo Escombros Sonoros es la propuesta más reciente de este colectivo artístico. Se enfoca más en la experiencia auditiva, aunque sigue conservando elementos como la danza o la lírica poética. Lo audiovisual pasa a segundo plano, y es usado sólo ocasionalmente.

Las primeras experiencias

El primer evento del ciclo Escombros Sonoros se llevó a cabo en agosto de este año, en un teatro de Parque Central. El cartel anunciaba ya lo que sería una constante en ediciones posteriores: la comunión de géneros como el blues y el jazz, caracterizados de por si por la espontaneidad, con cierta experimentación sónica vanguardista (y eléctrica), heredada de movimientos como el futurismo italiano o de músicos como John Cage.


Dos meses después, tras el éxito de la primera edición, se realizó un segundo encuentro, añadiéndose, en aquélla ocasión, ingredientes que se repetirían posteriormente, tales como la poesía y el performance.


Estos componentes escénicos se repetirían en la tercera entrega del ciclo, y prometen ser una constante en próximas presentaciones.



Adrián Arias Pomontty (Performance poética, 2019)
Escombros Sonoros 3

Para el tercer capítulo de la muestra, se escogió un sitio más grande, quizá algo controvertido en tiempos de polarización política, aunque perfecto como locación: el centro cultural Casino CCS, ubicado, tal como indica su nombre, en una antigua casa de apuestas y juegos de azar.  Nada queda de aquel ambiente relacionado con las ruletas o las máquinas traganíqueles, excepto, por supuesto, su estructura arquitectónica original.


Aunque la convocatoria estaba pautada para las 3 pm, no fue hasta más de una hora después en la que el acontecimiento realmente comenzó.



Adrián Arias Pomontty (Performance poética, 2019)
Su inicio se dio con tres montajes en la terraza del recinto, escenario que resultó tan insólito cómo interesante.


No pudimos evitar recordar algunos episodios de la historia del rock, como aquel célebre concierto de despedida de The Beatles en el tejado del edificio Apple Corps, cuando los cuatro de Liverpool (pese a lo melodiosas de sus canciones) vieron interrumpido su recital gracias a una intervención policial.


Pero Caracas es una ciudad muy bulliciosa. El ruido de las guitarras disonantes pasa desapercibido por culpa de factores como los vehículos automotores o el reggaetón de los buhoneros. Es una metrópolis tan ruidosa como el Detroit de Iggy Pop.


Fue precisamente sobre el tejado donde hubo mayor presencia de ingredientes escénicos. Elementos como los ductos de aire acondicionado, así como una inusitada rampa patinetera sirvieron de soporte para que Heysell Leal y Anahís Monges (artistas de danza y performance) hicieran movimientos corpóreos, en sintonía con las frecuencias auditivas.


Inicialmente sonaron dos guitarras, a cargo de Alvaro Partidas y Job Tahja, con frecuencias por un lado producto del azar, y por el otro, producto de un dominio consciente en el arte de hacer ruido. Más allá de alguna que otra variante, ese tipo de sonoridad, nacida cuando el punk redescubrió las vanguardias musicales del siglo XX, fue la que predominó en el resto de la velada.


Marek Jan Wesolowski (Improblues, 2019)
A ese cóctel de sonoridades eléctricas se unieron las secuencias y samples de Juan Ávila (Juan5Miedo) y el mismo Zigmunt Cedinsky, quienes incluyeron esos “beats” de una manera poco convencional, alejados de cualquier referencia a la electrónica de discoteca.


Fue precisamente Zigmunt Cedinsky, el organizador, quién cerró este primer acto, con un performance titulado Insolación, para el cual contó con la colaboración de Sainma Rada. Posteriormente Zigmunt intervendría en otra de las presentaciones.


Escenario 2: Tarima interna


El resto de la jornada transcurrió dentro de un espacio más cerrado, y se extendió hasta el anochecer. Inicialmente comenzó con dos propuestas más centradas en la poesía, y curiosamente, vinculadas con lo tecnológico y lo científico. Adrián Arias (Guachimán) recitó un poema llena de analogías cibernéticas y pensamientos sobre la materia. Su rostro, enmarcado dentro de un monitor de computadora, reforzaba su texto.


Giuliano Salvatore, por otra parte, mostró algo un poco más denso, más parecido a una conferencia sobre biología, respaldado por imágenes de células o micro organismos. Una charla que se dio mientras sonaban las notas disonantes de una guitarra electrificada.



Pablo García (Improjazz, 2019)
Posteriormente vino el momento del blues y del jazz. Marek  Wesolowski, conocido multi-instrumentista, acompañó la representación escénica de Rafael Jiménez. Entre ambos deconstruyeron el blues, sacándolo de sus escalas y acordes convencionales, reduciéndolo a gritos y sonidos eléctricos viscerales, obtenidos estos últimos gracias a una guitarra hawaiana distorsionada. Todo eso mientras Jiménez hacía gestos y movimientos corporales acordes a la experiencia sonora.


Pablo García, saxofonista de free-jazz, continuó con una improvisación acompañada del bajo de Job Thaja, quien ya había participado en dos de las propuestas anteriores, aunque como guitarrista. Sonó bastante experimental, como un cruce entre John Coltrane o el material más atípico de Jaco Pastorius. Una puesta en escena en la cual, a pesar del rudio, hubo también mucha técnica instrumental, muy en la onda del jazz de vanguardia.


La clausura estuvo a cargo de Juan5Miedo, quién se encargó de crear una atmósfera psicodélica, utilizando guitarra, sintetizador y algo de secuencias electrónicas. Con el apoyo de los visuales de LITH10, creó una verdadera burbuja sonora dentro de la cual sumergió al público asistente.

Rafael Jiménez (Improblues, 2019)

Próximos eventos


Tras tres convocatorias, Escombros Sonoros ha encontrado una recepción bastante positiva, y promete repetirse indefinidamente para 2020.  La última presentación de este año está pautada para el viernes 13 de diciembre, a las 4pm, en Casino CCS, y tiene un costo de 2$ (o su equivalente en moneda local).


Para quienes asistan por primera vez al recinto, pueden llegar hasta la avenida Urdaneta, a la altura de la Candelaria, y buscar el edificio que está frente al Banco Exterior. Quienes se movilicen a pie, pueden llegar fácilmente desde la estación del metro Parque Carabobo.





miércoles, 22 de mayo de 2019

Toque acústico para un cronista gráfico underground


Este sábado 25 de mayo estaremos activando la buena vibra caraqueña con un derroche de buena música y arte. Tres bandas: Agente Extraño, Curetaje y La Nueva Tierra cierran filas y se unen para traernos un poderoso y variado repertorio que va desde un tributo a la emblemática banda inglesa The Cure, paso por algo de rock fusión y performance, hasta llegar a la potencia del "combat" punk rock, además del debut de Las Irreverentes. 

Este evento se realiza en reconocimiento a la valiosa labor del fotógrafo y artista venezolano Hildebrando D´Swang, reconocido cronista gráfico del underground caraqueño.  El evento se llevará a cabo en Taima Restaurant,Centro Comercial Plaza La Boyera, a partir de las 2pm. Entrada por colaboración en la puerta ¡No te lo puedes perder!

@agente.extraño
@curetajebandarock
@nuevatierraoficial
@lasirreverentesvenezuela
@taimarestaurant