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domingo, 20 de diciembre de 2020

(((((El Fonógrafo))))) Sunny Jain. Wild Eild East. Smithsonian Folkways. 2020


 En el siglo antepasado, “América”, nombre genérico que usan los estadounidenses para nombrar a su territorio, se convirtió en una nación de inmigrantes. Oleadas de irlandeses, húngaros, alemanes, italianos, griegos o  judíos, generalmente azkenazíes, fueron poblando su extensa geografía. Su  crecimiento (no siempre de forma limpia) coincidió con el aumento de la población.

El siglo XX conoció la llegada de nuevos tipos de inmigrantes.  A los mexicanos se sumaron otro tipo de hispanos. Los asiáticos ya no sólo eran de origen chino. Turcos, japoneses, armenios, vietnamistas e indios (de la India) también vinieron en busca del sueño americano. Eran los nuevos “vaqueros”. Querían encontrar nuevas oportunidades.

Sunny Jain, músico norteamericano de ascendencia india, ha tomado el concepto del “cowboy” estadounidense para adaptarlo a su historia personal. Su padre, perteneciente a la etnia punyabí, emigró a Estados Unidos, a finales de los años ´40, debido al conflicto entre indios y pakistaníes, llevando algo de su cultura sonora a su nuevo hogar. Todo eso inspiró a Sunny, quién, además de componer, es conocido por sus dotes como baterista y ejecutante del dhol, instrumento percusivo tradicional indoasiático.

Willd Wild East ( “Salvaje Oriente”) es un álbum que juega con este concepto no sólo con el título.  El resultado sonoro es una mezcla de “Bollywood” con Spaghetti Western. El jazz, el bhangra y hasta la psicodelia también forman parte de este viaje, que bien podría servir de soundtrack para una película sobre vaqueros orientales.

“Salvaje Oriente”, el trabajo más reciente de Jain, tardó una década en salir. Pero en el transcurso, este percusionista no estuvo en silencio. Es conocido también por ser líder de la agrupación newyorkina Red Baraat , abanderada del multiculturalismo musical, con participación en eventos como Womad Festival. Para este disco contó con la colaboración de otros artistas.


lunes, 19 de noviembre de 2018

(((El Fonógrafo))) Rosalía: El Mal Querer. Sony Music. 2018


Este álbum, el segundo en la discografía de Rosalía, tiene apenas un par de semanas de publicación. No obstante, desde su lanzamiento, diversas personas y medios de comunicación han coincidido en una sentencia: es un clásico instantáneo, un antes y un después, posiblemente lo mejor de un año que ya casi termina. Las críticas negativas, minoritarias, no suelen enfocarse en realidad en la calidad musical, si no en un cuestionamiento a su autenticidad étnica.

Desde mediados de año se habían lanzado unos tres sencillos que ya nos mostraban el nuevo camino a seguir por la cantante. Si bien, en su ópera prima (Los Ángeles, 2017) había logrado llegar un público joven, más cercando al pop (o a la música "urbana") que a los géneros tradicionales, no aportó, más allá de su imagen de chica trapera o hip hopera, alguna novedad en lo sonoro. En aquel momento se le acusó de "apropiación cultural", por tener el atrevimiento de cantar música gitana siendo de origen catalán. Algunos olvidan que la música más bien sirve para acercarnos a otras culturas.

El Mal Querer, trabajo más reciente de Rosalía, nos presenta once temas en los cuáles la tecnología y el cante gitano se fusionan armoniosamente, de una manera bastante estudiada. Los patrones rítmicos del flamenco son recreados mediante secuencias electrónicas o samples. Si bien, utiliza algunas técnicas de producción asociadas a géneros como el trap, el uso de de ritmos más complejos, sumado a acordes menos básicos y una voz que no necesita auto-tune (aunque en uno de los temas es utilizado este efecto como recurso expresivo) hace que el resultado sea mil veces más interesante. 

Todo esto unido por un concepto, ya que el álbum, en conjunto, está basado en una novela del siglo XIII, cuya temática gira en torno a los celos. Por ello, cada pieza equivale a un capítulo de la narración, como en el caso del tema Malamente, que representa el capítulo 1.

Pero esta reseña está incompleta si no hablamos de el aporte del músico canario Pablo Diaz-Reiza, mejor conocido como El Guincho, un personaje que ha logrado el reconocimiento de medios de comunicación españoles como Mondosonoro o Rockdelux, enfocados a un público muy alternativo, y que aporta sus conocimientos como productor y compositor.

Esperamos que este disco logré tener influencia en otros músicos y productores, especialmente aquellos enmarcados en lo que genéricamente llaman "música urbana", pues, no podemos negar que dentro de esas tendencias predominan elementos como la monotonía musical o la ausencia de letras trabajadas y con contenido. También es deseable que Rosalía no se duerma en los laureles, y siga explorando y experimentando, para estar siempre a la vanguardia.

El álbum puede ser escuchado completamente en youtube


jueves, 26 de abril de 2018

(((El Fonógrafo))) Yom & Baptiste-Florian Marle-Ouvrard : Prière. Buda Musique. 2017




Guillaume Humery (Yom) y Baptiste-Florian son dos músicos muy conocidos en su Francia natal. Han desafiado convencionalismos estéticos en un país en el cual, desde mediados del siglo XX, el academicismo se volvió campo de experimentación sonora. El primero, un clarinetista caracterizado por unir culturas con su instrumento. El segundo, un organista con buena fama de improvisador. Yom tiene tiempo uniendo la tradición klezmer con otros sonidos del oriente, medio y lejano. En esta ocasión se une a un reputado compositor y ejecutante de los teclados.

En un mundo en el cual géneros como el reggaeton y el trap se han difundido como el virus, hasta el punto de convertirse en una fórmula segura y predecible usada por artistas de otros géneros, parece no haber espacio para álbumes instrumentales hechos sólo para la escucha. Pero este tipo de trabajos, sobretodo cuando son arriesgados, son atemporales, y representan un oasis para quienes buscan escapar de estilos tan rutinarios.

Prière (Plegaria) es un disco que parece evocar (sin ser una repetición) los mejores momentos de la tradición sinfónica, con el valor añadido de la espontaneidad. Nunca pudimos oir a Bach interpretar sus fugas con un órgano, pero podemos estar agradecidos de poder oír al mismísimo Baptiste de tocar sus propias composiciones. En esta ocasión el organista no crea las piezas, se limita a un papel más "discreto", como acompañante de Yom, pero ¡Vaya acompañante!

Ambos artistas nos hacen viajar por distintos territorios emocionales. De la tranquilidad podemos pasar a la ansiedad sólo porque varían la intensidad de su interpretación. A veces nos preguntamos ¿Qué podrían hacer ambos si cambiaran esos teclados de iglesia por sintetizadores analógicos? Pero luego la interrogante cambia ¿Necesita esta gente sintetizadores analógicos,  digitales o de cualquier tipo? En el track 8 (Meditation 2) Yom emite una escala de notas de forma rápida y repetitiva, logrando emular el sonido (no sabemos si adrede) de un arpegiador electrónico.

Como toda sinfonía, es un pecado escuchar las piezas por separado. Es un trabajo para escuchar de principio a fin. Digno de ser oido con atención (si se interpreta en vivo) en algún auditorio. El climax de la pieza final obliga a la ovación de pie.