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miércoles, 9 de octubre de 2024

Polos opuestos en el jazz: Anaïs Drago y Camille Bertault en el 3er Festival Eurovenezolano


El 5 de octubre, el 3er Festival de Jazz Eurovenezolano reunió a dos talentosas artistas: la innovadora violinista italiana Anaïs Drago y la carismática cantante francesa Camille Bertault. Juntas, ofrecieron un espectáculo que demostró la versatilidad del jazz actual. 

                                                                                                                                                                                                                                                                                            Ernesto Soltero


No importa cual sea la causa. Venezuela vive una crisis social, y eso desestimula la creación y la divulgación artística. La incertidumbre ante el futuro y también el factor económico se convierten en desaliento para muchos creadores y promotores. No obstante, siempre encontraremos instituciones y personas dispuestas a luchar, contra viento y marea, para lograr impulsar iniciativas culturales de calidad. Una muestra de ella es el recientemente culminado Festival Eurovenezolano de Jazz.


Durante un par de semanas tuvimos la oportunidad de ver, en la tercera edición del evento, novedosas propuestas de un género el cual, aunque hoy día se percibe cómo académico (la música clásica de los negros, cómo decía Nina Simone) sigue renovándose constantemente, probablemente por fusionarse - de manera natural- con otros estilos, cómo por ejemplo la música étnica, y adoptando además lo mejor de la tecnología aplicada al arte

Los artistas que se presentaron en esta muestra fueron pocos, pero lo que faltó en cantidad sobró en calidad. Un ejemplo lo tenemos en el recital del pasado 5 de octubre, el penúltimo de todo el ciclo, en la Asociación Cultural Humboldt de Caracas. Dos talentosas jazzistas, ambas intérpretes y compositoras, provenientes de Italia y Francia respectivamente, nos demostraron porqué han sido tomadas en cuenta por publicaciones tan prestigiosas cómo Downbeat, algo así cómo “La Biblia” de la música que practican.


Anaïs Drago y Camille Bertault representan dos polos opuestos dentro del universo jazzístico, uno con tendencia al pop y otro más experimental.

En el caso de Drago etiquetar cómo jazz al material que presentó ese día en “la Humboldt” requiere de cierto criterio subjetivo La violinista itálica se presentó de manera solitaria excluyendo la compañía de instrumentos típicos del género jazz, ayudándose con herramientas como un sampler y una pedalera con efectos de sonido. Se percibió más bien cómo un buen concierto de música electroacústica.


Cabe agregar que esta instrumentista tiene una faceta la cual, aunque vanguardista, es distinta a la presentada en Venezuela y se acerca más a lo tradicional, al incluir el acompañamiento de instrumentos cómo la batería, el saxofón o el contrabajo. Una vertiente visible en proyectos cómo Anais Drago and the Jellyfish, con influencias de gente cómo Frank Zappa o John Cage.

En el caso de su presentación en el Humboldt, nos sorprendió saber que unas piezas de estructura tan libre formaran parte de un repertorio planificado (tal cómo pudimos apreciar en su set list) aunque posiblemente en vivo sufren alguna ligera variación e incluso cambien su duración. Se trata de composiciones dónde el violín ocupa obviamente un rango protagónico, complementándose con sonidos poco convencionales generados con el mismo instrumento (golpes percusivos a las cuerdas o a la madera, por ejemplo,) los cuales se mezclan en capas junto a sonidos cómo la voz de la intérprete, gracias a artilugios electrónicos manipulados en tiempo real


El resultado es un arte sonoro muy experimental, pero fácil de escuchar, con una atmósfera etérea e hipnótica bastante agradable para el oyente, lo cual generó una fuerte ovación del público. Lamentablemente la restricción horaria tan estricta de la sala impidió a Drago regalarnos al menos una pieza adicional.

Posteriormente vino la presentación de Camille Bertault, una vocalista que ya suma cinco álbumes en su discografía y se ha hecho un nombre dentro de la escena, apareciendo incluso en medios de comunicación tan masivos cómo la revista Vogue.



En nuestra opinión la música de la cantante gala tiene suficiente gancho cómo para llegar a un público mucho más amplio. Su placa más reciente, Bonjour Moun Amour, contiene temas los cuales en ocasiones duran tan sólo un par de minutos, algo que podría facilitar su difusión en los medios comerciales. De ese álbum se extrajo más de la mitad del repertorio interpretado por Bertault en esta ocasión.


La francesa arrancó su presentación con cuatro temazos que casualmente constituyen los primeros tracks de su más reciente trabajo. El primero de ellos, titulado cómo el álbum, sonó más acústico seguramente debido a la ausencia de Christophe Minck, contrabajista francés que también ejecuta el sintetizador Moog en la grabación. Aun así, la estructura del tema se mantuvo casi en su totalidad, con un ritmo más cuadrado (más pop) lleno de adornos jazzísticos.


Algo a destacar es que Cristophe Minck no fue el único miembro ausente de la plantilla oficial de Bertault. Fady Farah y Minino Garay, encargados de los teclados y las percusiones respectivamente tampoco vinieron. No obstante, acompañantes cómo Jesús Milano, Rubén Paiva y Diego Cabrujas, talentosos ejecutantes venezolanos, dieron la talla al acoplarse perfectamente, sonando como si formaran parte del staff regular de la artista.



Quién si estuvo presente fue Julien Alour, trompetista y también pareja de la vocalista, quién adornó elegantemente las composiciones con su instrumento, haciendo un juego armónico interesante con los coros y los fraseos estilo “scat” de Bertault, una técnica la cual ella domina a la perfección y que le sirve, además, para dirigir su pequeña orquesta mediante patrones vocales llenos de ritmo y melodía. Alour también figura cómo compositor en un par de piezas.


Cabe agregar que la cantante tiene bastante dominio de la tarima. Es muy carismática al comunicarse con el público (Pese a sus limitaciones con un idioma que está aprendiendo, el español) y realiza movimientos coreográficos que delatan entrenamiento escénico. Todo eso con una voz que alcanza registros altos cuando la canción lo pide, sin intenciones de alardear. Se paseó por diversos ritmos, coqueteando incluso con sonoridades de nuestros vecinos brasileños.

Al igual que Drago, Bertault tampoco pudo obsequiarle al público más de su repertorio. Al día siguiente se presentó en la clausura del festival, junto a la agrupación del venezolano Manuel Barrios, y pudo interpretar un par de temas adicionales.



miércoles, 28 de junio de 2023

De la Furia a la Inocencia: segunda fecha del Circuito NB Caracas


La Sala B.O.D. vibró al compás de tres propuestas muy distintas entre sí. Una noche de jazz, joropo-rock y metal extremo que culminó con el tributo a los ´90 del dueto Kreils/Caribano.


Ernesto Soltero


La segunda jornada del circuito Nuevas Bandas, capítulo Caracas, prometía ser muy ecléctica. Un concierto algo variopinto, en el cual escucharíamos algo de música extrema, fusión venezolana y hasta versiones modernas de clásicos de los ´90. No obstante, ya habíamos visto a dos de las propuestas concursantes - además de los artistas invitados - lo cual eliminaba un poco el factor sorpresa.


En el caso de Los Tercios (joropo-rock) y Nomasté (jazz, pop, fusión), ambos grupos son muy bien conocidos dentro de Tutmonda Radio. Hemos colocado su música en nuestro podcast, y los hemos reseñado no sólo en este blog, sino también para la plataforma hermana Rey Zamuro. Pese a ello, queríamos ver cómo sería la interacción de estos con el público en una sala cómo B.O.D.


Mayores expectativas teníamos, por otro lado, con la agrupación Desmoterion. Pese a no hacer algo demasiado novedoso, nada conocíamos de su repertorio, el cual está enmarcado dentro de la corriente metal-hardcore. La lluvia nos impidió sin embargo llegar puntuales al evento, razón por la cual no pudimos presenciar su puesta en escena. Responsablemente hicimos contacto con sus miembros para compensarlo con una futura entrevista.


El cierre en esta ocasión, en calidad de grupo invitado, fuera de concurso, correspondió a la dupla Kreils/Caribano, de quiénes no esperábamos mayor novedad habiéndolos visto varias veces desde el año pasado. Afortunadamente, su recital superó nuestras expectativas.

De la matraca a la fusión melosa

Foto cortesía IG @Desmoterion
La primera banda en montarse fue Desmoterion, exponentes del crossover- thrash metal-hardcore. No pudimos verlos, tal cómo escribimos unas cuantas líneas atrás, pero el registro sonoro del concierto, disponible en youtube, nos indica que fueron una verdadera paliza auditiva, con una base rítmica sólida y muy veloz. Nos hubiese encantado verle la cara a los asistentes, posiblemente desconcertaron a más de uno con semejante descarga de ira.


Posteriormente vinieron Los Tercios, con su sonido catalogado por ellos mismos cómo “Joropunk”, el cual a diferencia de “una banda que no nombraremos para evitar la autopromoción, suena más bien como un joropo-rock progresivo (con algo de funk y metal) aunque eso sí, bastante irreverente y jocoso.

Los Tercios hicieron algunos chistes dicharacheros celebrados por el público, aunque no lograron el tan anhelado cometido de encender el “joropogo”. Es posible que su propuesta, la cual podría ser descrita cómo un cruce entre King Crimson, Primus y El Carrao de Palmarito – las referencias a Ramones o Sex Pistols en realidad no están muy presentes- haya generado más curiosidad que ganas de bailar.



Casi dos décadas después de la aprobación de la normativa venezolana conocida cómo “Ley Resorte, cuyo artículo 14 sirvió para impulsar en las emisoras radiales al mal llamado neofolklore (Es decir, cualquier tipo de fusión venezolana independientemente de su calidad) la audiencia sigue sin saber cómo reaccionar ante estos experimentos cuando de rock se trata. Quizá el tipo de recinto, una sala teatral, cohibió un poco a los asistentes.

Mejor respuesta de la audiencia tuvo Nomasté, agrupación que llevó una nutrida cantidad de seguidores. Presentaron otro lado de la fusión, menos estridente, más bien pop, y más orientada al jazz o la música del caribe. Una banda instrumentalmente acoplada la cual, ante la falta de guitarrista, supo llenar los vacíos dejados por este instrumento predominante en la música pop- rock, dándole mayor protagonismo al omnipresente teclado, cuyas armonías eran adornadas con el saxo o la trompeta.

Esencialmente las canciones de Nomasté son bastante ligeras y melosas, con letras muy dulces y coloquiales. Se pasean por estilos como el swing-jazz, el reggae, la salsa y hasta la música balkánica. No estuvieron entre nuestros favoritos de la noche quizá por preferencias personales, pero posiblemente se conviertan en las ganadoras de su circuito, ya que fueron muy ovacionadas y tienen mucho potencial comercial. Está claro que los asistentes, en su mayoría, prefirieron escuchar algo más relajado.


Luego de este recorrido, yendo de la más infernal estridencia, pasando por una revisión más rockera de la música llanera hasta llegar a lo más light y tropicaloso, casi chill out, llegó el momento de los artistas invitados, presentación la cual se extendió más de lo esperado.


La hora loca de Kreils y Caribano




Desde el año pasado Victor Bolívar (Caribano) y Kreils García (simplemente Kreils) han trabajado juntos en lo que ha sido, posiblemente, la sesión más repetida de La Espiral, el ciclo de presentaciones en vivo derivado del programa radial del mismo nombre, moderado por Félix Allueva, la cabeza más visible de la Fundación Nuevas Bandas.


En el caso de estos dos músicos, ambos cantautores y multi-instrumentistas, su show es una revisión de clásicos de los años ´90, los cuales son recreados de manera más contemporánea, haciendo un sincretismo entre la electrónica y el rock el cual, aunque ya era común hace tres décadas, hoy día adquiere un sabor distinto, influenciado por las nuevas tendencias del milenio, las cuales son hijas, en gran parte, de la última década del siglo XX.


La presentación, que duró alrededor de una hora, incluyó piezas las cuales, en su mayoría, pertenecen al acervo rockero hispanoamericano, sin descuidar a las agrupaciones venezolanas, además de un tema anglosajón algo tramposo, The Man Who Sold The World, el cual es original de David Bowie, pero se convirtió en un mega-hit, durante los ´90, gracias a Nirvana.


Aparte de Nirvana/Bowie, la dupla se paseó además por temas de artistas bastante conocidos como Soda Stereo, Zapato 3, Café Tacvba y hasta Desorden Público, alternando canciones bastante famosas con otras que no necesariamente fueron éxitos radiales, como por ejemplo Terrenal de Dermis Tatú, o Penélope, de Robi Draco Rosa, usando siempre una instrumentación engañosamente austera, la cual consta de guitarra, secuencias y voces.


Siendo apenas dos músicos en tarima, su performance no resultó aburrido. Fue como ver a Suicide o Soft Cell con una guitarra en vez de sintetizadores.


Más allá de las espontáneas intervenciones de Félix Allueva (Qué lo convierten casi en un comediante de stand-up, aunque más didáctico y erudito) la presentación de Kreils/Caribano mostró momentos de inspiración instintiva que dieron cómo resultado un show irrepetible. A ello contribuyó además la inclusión de cantantes y músicos provenientes de otros grupos, tales como Los Delorean, Señorita Cometa y No tan Casual.


No sabemos cuántas veces hemos sido espectadores del show de Kreils/Caribano, pero, lejos de aburrirnos, su presentación nos dejó un buen sabor de boca. Fue casi una “hora loca” llena de éxitos rocanrolleros, aunque con algunos temitas más bien de culto. Cabe agregar que la acústica de la sala los favoreció, el sonido fue superior al de otro tipo de espacios.


Ante la insistencia del público, tocaron un tema más. Cerraron con la interpretación que hacen del Personal Jesus de Depeche Mode. En nuestra opinión esa versión necesita pulirse un poco , pero sirvió para complacer a una audiencia la cual, nuevamente, pidió escuchar otra canción. La segunda petición, sin embargo, no tuvo mucho éxito. Ya la noche se había terminado.

Nota: Las fotos de las bandas fueron extraídas del Instagram de los artistas, y son de su propiedad.



viernes, 17 de febrero de 2023

Tutmonda Radio y Gran Sabana: Un convenio de cooperación.

 



Nos complace compartir con ustedes nuestra primera colaboración con Revista La Gran Sabana, de Colombia.
A partir de ahora estaremos publicando un artículo cada dos semanas en ese medio de comunicación hablando de temas musicales generales, pero centrándonos también en la escena de ese país.
De este modo ambos medios estrechan lazos y contribuyen a la promoción mutua. Lee nuestro primer aporte a la revista en el siguiente enlance.


martes, 24 de agosto de 2021

Fallece Charlie Watts, baterista de los Rolling Stones, a los 80 años

 


A principios de Agosto se había dado la noticia: Charlie Watts, baterista de los Rolling Stones, no participaría, por motivos de salud, en la próxima gira de la banda.

 

Eran más de 50 años de carrera con la agrupación, 56 para ser exactos, y aunque Watts no era precisamente el miembro más problemático, había tenidos unos cuántos episodios críticos en su vida, posteriores a su mediana edad, de los cuáles había salido airoso.

 

Watts siempre fue el integrante más serio de los Rolling Stones. No sólo tenía un look más sobrio que sus compañeros. Era  el único realmente monógamo y ajeno a las drogas. El que se acostaba temprano al menos que tuviera que cumplir un compromiso profesional.  Su experiencia con el alcoholismo o el consumo de estupefacientes a principios de los ´80 fue un momento excepcional. Una recaída la cual logró superar.

 

Ya en el siglo XXI le tocó lidiar con un cáncer que no sólo amenazó su vida, sino su porvenir dentro de la banda. Para entonces tenía más de una década sin fumar. Meses después estaba listo para seguir girando.

 

El 24 de agosto será recordado como la fecha en la cual Charlie Watts, baterista británico nacido en Wembley, en 1941, no pudo superar más obstáculos.  Un retiro definitivo sin vuelta atrás.

 

Si bien Watts fue el baterista de la agrupación de rock más longeva y famosa del mundo (con permiso de The Beatles) era realmente un apasionado del jazz que soñaba con tocar con músicos como John Coltrane.

 

 Sus conocimientos de géneros como el blues conectaron a los Rolling con la música de raíces, haciendo que marcaran la diferencia respecto a su generación. Sólo el contacto con músicos como Gram Parsons, padre del country-rock y líder de The Byrds, fue igual de decisivo en la propuesta de la banda.  

 

La imagen es de Bent Rej, fotógrafo danés fallecido en 2016, estrechamente ligado al grupo.

 


domingo, 20 de diciembre de 2020

(((((El Fonógrafo))))) Sunny Jain. Wild Eild East. Smithsonian Folkways. 2020


 En el siglo antepasado, “América”, nombre genérico que usan los estadounidenses para nombrar a su territorio, se convirtió en una nación de inmigrantes. Oleadas de irlandeses, húngaros, alemanes, italianos, griegos o  judíos, generalmente azkenazíes, fueron poblando su extensa geografía. Su  crecimiento (no siempre de forma limpia) coincidió con el aumento de la población.

El siglo XX conoció la llegada de nuevos tipos de inmigrantes.  A los mexicanos se sumaron otro tipo de hispanos. Los asiáticos ya no sólo eran de origen chino. Turcos, japoneses, armenios, vietnamistas e indios (de la India) también vinieron en busca del sueño americano. Eran los nuevos “vaqueros”. Querían encontrar nuevas oportunidades.

Sunny Jain, músico norteamericano de ascendencia india, ha tomado el concepto del “cowboy” estadounidense para adaptarlo a su historia personal. Su padre, perteneciente a la etnia punyabí, emigró a Estados Unidos, a finales de los años ´40, debido al conflicto entre indios y pakistaníes, llevando algo de su cultura sonora a su nuevo hogar. Todo eso inspiró a Sunny, quién, además de componer, es conocido por sus dotes como baterista y ejecutante del dhol, instrumento percusivo tradicional indoasiático.

Willd Wild East ( “Salvaje Oriente”) es un álbum que juega con este concepto no sólo con el título.  El resultado sonoro es una mezcla de “Bollywood” con Spaghetti Western. El jazz, el bhangra y hasta la psicodelia también forman parte de este viaje, que bien podría servir de soundtrack para una película sobre vaqueros orientales.

“Salvaje Oriente”, el trabajo más reciente de Jain, tardó una década en salir. Pero en el transcurso, este percusionista no estuvo en silencio. Es conocido también por ser líder de la agrupación newyorkina Red Baraat , abanderada del multiculturalismo musical, con participación en eventos como Womad Festival. Para este disco contó con la colaboración de otros artistas.


sábado, 14 de noviembre de 2020

(((El Fonógrafo))) Etienne de la Sayette. Kobugi. Muju Records. 2020.




Segundo álbum solista del músico y compositor francés, conocido por su trabajo con la agrupación de afrobeat, con influencia etíope, Akalé Wubé

Un trabajo ecléctico, pero no por eso difícil de digerir. Instrumentos de distintas partes del mundo (incluyendo los más utilizados en la música popular occidental) son utilizados, y en su mayoría, ejecutados, por este artista galo.

Cuenta con la colaboración ocasión de otros músicos como el baterista Stefano Ludchini (actual miembro en vivo de la agrupación Odezenne) Erik Aliana (cantante y multi-intrumentista de Camerún) y Lansine Diabte (ejecutante del balofón, una especie de Marimba) nacido en Ghana.

Un trabajo con mucha variedad emocional. Algunas piezas cómo “Kobugi King” tienen un sonido que podría ser catalogado como chill out, pero otras como Anansi o War Bussines tienen más distorsión y fuerza. Es inevitable asociarlo con el afrobeat de Fela Kuti o cierta música afrolatina de vanguardia, aunque también se perciben influencias hip hop.

El primer tema (Jajinmori), pese a incluir el balofón, está inspirado en una pieza tradicional coreana. Bastante curiosa la pieza Anhci Bale Game, minimalista, con sonidos de electrónica retro, y a compás de 6/8.

Importante: todos los instrumentos son ejecutados en vivo. No hay samples ni secuencias electrónicas.

Disponible en CD y LP, pero también en plataformas digitales, incluyendo Bandcam. Las copias de la versión en vinil vienen firmadas por el músico.


viernes, 16 de octubre de 2020

Un día cómo hoy, fallecieron dos grandes del jazz.

Dos grandes bateristas del jazz fallecieron tal día como hoy, pero en 1973 y 1990 respectivamente. Ambos, a su vez, representan una era dentro de su género, aunque el primero es, posiblemente, el más influyente en la historia.


Gene Krupa, nacido en 1909, es el primer baterista solista que se conoce. Nacido en Chicago, de padres polacos, tuvo el honor de tocar con grandes de la música, aunque también se podría decir que esos artistas tuvieron el honor de tocar con él. Formó parte de la Orquesta de Benny Goodman, la cual abandonó años después por diferencias personales. Posteriormente fundaría su propia agrupación, contando con extraordinarios músicos cómo la cantante Anita ´O Day o el trompetista Roy Elridge.

Tras retirarse de la música a finales de los años ´60, falleció de Leucemia en 1973. Es un referente del jazz clásico y de la era de las “big bands”.

Art Blakey, por su lado, era 10 años menor. Nacido en Pittsburgh, sus inicios están relacionados también con las big bands, pero fue en el jazz moderno, específicamente en estilos cómo el bop y el hard bop, que se hizo un nombre. Es conocido especialmente por ser líder, desde mediados de los años 50, de la agrupación Jazz Messengers, por la cual pasaron destacados instrumentistas cómo el trompetista Lee Morgan o el pianista Chuck Mangione.

Art Bakley también colaboró además, de forma individual, con otros artistas. Uno de sus trabajos más importantes, aparte de los Jazz Messengers, fue su participación en la banda The Giants of Jazz, conformada por estrellas cómo Dizzy Gillespie y Thelonious Monk, con la cual realizó una gira mundial a principios de los ´70.

lunes, 22 de julio de 2019

Celebración caraqueña: Andy Durán rindió tributo a Billo´s y a la "Sultana del Ávila"






Ernesto Soltero
Fotos: Pisirila

Hace más de ocho décadas ocurrió un hecho que cambió, para siempre, la historia de la música de Venezuela: Luis María Frómeta, mejor conocido como Billo, llegaba con su orquesta desde Santo Domingo, para convertirse en otro ciudadano ilustre de nuestro país.

Luis María y su orquesta, que tras varios nombres adquiriría la denominación definitiva de Billo´s Caracas Boys, traía la música afrocaribeña, principalmente cubana y dominicana, a Venezuela. Géneros como el merengue y el son cubano, previamente, habían adquirido algo más de riqueza sonora, gracias a la influencia del jazz, en plena época de las grandes bandas.

A estas influencias Billo agregaría otros géneros bailables, como la cumbia colombiana, e incluso, el pasodoble español. Estilos extranjeros los cuales, a partir de entonces, comenzaríamos a asociar no sólo con Caracas, si no con una época en la cual el país comenzaba, tras la muerte del dictador Gómez, a modernizarse.



Jazz en homenaje al Caribe

¿Es la música de Billo, y de las grandes orquestas bailables, el sonido de una época reciente que ya fue? La muerte de Frómeta a finales de los ´80, y el nacimiento de nuevos estilos bailables electrónicos como el techno merengue  cambiaron un poco los hábitos del público, hasta llegar hoy al omnipresente reggaetón.

Por otro lado, el jazz, desde una óptica menos comercial, apostaba ya, desde los años ´40, a una instrumentación menos pomposa.

Pero existen artistas empeñados en preservar (o rescatar) ciertas tradiciones. Uno de ellos es Andy Durán, uno de los máximos exponentes del latin jazz en Venezuela, cuya carrera comienza formalmente a mediados de los ´80. Un enamorado de la música afrocaribe, y también del jazz clásico , con una formación académica que no niega lo popular. Un posible heredero del maestro Frómeta.

Homenaje a Frómeta, y a Caracas

Desde hace unos cuantos años Andy Durán ha incluido en su repertorio temas clásicos de la Billo´s Caracas Boys, convirtiendo a esta orquesta, junto a grandes como Mongo Santamaría o la Fania en uno de sus homenajeados habituales. Al maestro Frómeta le dedicó, de hecho, una placa discográfica titulada Fiesta con Billo.

No es de extrañar entonces que, sobre todo en épocas especiales, Andy Durán monte un repertorio en vivo con los temas más recordados de la célebre orquesta capitalina. Un repertorio bastante amplio, con canciones que servirían para grabar (de nuevo) bastantes discos repletos de éxitos.



¿Y qué otras fechas, aparte de diciembre, pueden ser ideales para interpretar, nuevamente, el repertorio de la Billo´s? El aniversario de la capital de Venezuela, la misma ciudad vieja a la cual Frómeta le escribió una canción, y que ya había cambiado, considerablemente, en los tiempos de Isidoro, el cochero al cual el maestro Frómeta le dedicó otra de sus piezas.

20 de julio: cumpleaños adelantado

El tributo a Billo´s se llevó a cabo el 20 de julio, y no el 25, lo cual hubiese sido lo más idóneo. Por ello, cinco días antes, la ciudad celebraba su cumpleaños al ritmo de merengues, cumbias, guarachas y hasta joropos, en la sala cultural B.O.D.

La distribución de los músicos, con sus secciones de metales y percusión, su pianista y su contrabajista, con sus vocalistas, y el maestro Andy Durán en el centro, nos hacía recordar épocas pasadas donde era prácticamente imposible ir a una fiesta bailable sin mover los pies al compás de una orquesta.



Así se bailabla antes de que existieran las discotecas, y antes de que los Dj´s crearan, mediante la mezcla de acetatos, esos popurrís musicales llamados  “megamix”, similar estos últimos, pese a las diferencias técnicas , a lo que Billo bautizó , a partir de 1949, como “mosaicos”.

La oportunidad de apreciar este tipo de arreglos en un auditorio hace que nos demos cuenta de su calidad. Si una pieza musical bailable no nos aburre al estar sentados, si nos deslumbramos con la clase con que se ejecutan, la conexión es evidente. Existe además una comunicación verbal donde las anécdotas y los chistes rompen un poco esa barrera entre los artistas y la audiencia.

De la escucha pasiva al baile activo

A pesar de la calidad de la música, el público no pudo resistir el impulso de danzar canciones hechas para la fiesta. Todo comenzó con un par de parejas que rompieron el hielo y se atrevieron a mover el cuerpo, mientras otros, más tímidos, se conformaban con menear los pies. De vez en cuando el maestro Andy Durán se salía del protocolo, y dejaba de dirigir a su agrupación para bailar o acercarse a los músicos, buscando la complicidad de los asistentes.

Los integrantes de la sección de canto, mientras tanto, se metían a la audiencia en el bolsillo. Juan Manuel Blanco, experto en Billo´s se mostró más extrovertido. El joven Reinaldo García, más callado, fue bastante aplaudido al interpretar un bolero el cual, según entendimos, es su debut como cantante solista dentro del grupo. Por otro lado, los cantantes Juan José Hernández (el indio) y Jonathan Medina también hicieron un trabajo destacable.


Cuando todo parecía perfecto, apareció la vocalista Lala Morales, hija del también homenajeado Memo Morales, quien llamó la atención tanto por su apariencia física y su elegancia como por su talento interpretativo. Una verdadera diva, como sacada de los años ´50.

Se tocó de todo. Canciones cuyo título ya nos hablan de homenajear a la “sultana del Ávila”, tales como el Canto a Caracas, pasodobles como Ni se compra ni se vende hasta temas como la guaracha Juanita Bonita (inmortalizadas por el gran Memo Morales) sin descartar conocidos merengues como Apretaíto o el Tema de Los Melódicos, compuesto por Luis María Frómeta para una agrupación la cual, lejos de ser su rival era, en realidad, una de sus hijas.

Los asistentes poco a poco se fueron soltando, y llegó el momento en el cual el auditorio parecía una sala de baile cuyas butacas, atravesadas, estaban de sobra.  Y como sucede en todos los buenos recitales, el público terminó pidiendo más.

Dos horas en las cuáles se disfrutó de buena música, al estilo de la Caracas de antaño, demostrando que, pese a la tecnología, sigue habiendo espacio para canciones bailables con sabor a rockola.